
Siempre he pensado qe lo qe más me atrae de los recuerdos y sin embargo, lo qe me hace olvidarlos con mayor furor -los recuerdos emotivos digo- es esa constante capacidad para someterme al dictado de sus imágenes tal y como se conservan en mi memoria, pero dejando un fugaz efluvio de cosa no concluida; una sensacion incomprensible e inabarcable de regreso, de vuelta en espiral. No se si sea inteligible esto qe declaro susurrante, si sea necesario declararlo. Es más, no se si sea importante decir una y otra vez y de maneras mas o menos claras o explicativas, qe el hecho de recordar me abruma, me inutiliza para cualqiera otra accion necesaria en el transcurso normal y caótico de la vida; en fin, qe el recordar me hace sentir como si recién empezara a darme forma, a darme color y vida pero sin saber aún el matiz de esa vida, de esa forma y naturaleza qe le siguen a cada nuevo movimiento en la vida de los hombres. Por eso ahora tengo una imagen. Y en ella me fusiono y completo, y en ella me vuelvo vida nuevamente. Y en ella están mis amigos, uno al lado del otro en el declive del camino de algun pueblo errático. Como frutas qe maduran en el espacio y están prestas a ser devoradas, disfrutadas para la eternidad.

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