miércoles, 6 de agosto de 2008

esbozo demencial o la corpórea musicalidad de lo insano

No siempre sabemos con certeza por qé algunos de nuestros movimientos más impensados ocurren como por azar, y como es qe a veces nos encontramos elocuentemente alejados de lo qe para algunos, en ciertos momentos del dia, suele denominarse "realidad". Este alejamiento de lo cercano, o sea de lo real normal, sucede no pocas veces en nuestras vidas. Y me permito hablar de "nosotros " porqe creo qe no soy el único qe ha visitado estos estados temporales de exasperada inconciencia determinada. La locura nos ama como -para usar metafora de Celan- como se aman amapola y memoria. Se escurre entre nosotros y nos acompaña dia y noche; de repente , sentados en el sofá más confortable de la casa vacia una voz nos aqeja e incita a saltar. Otras veces, como en un sueño malicioso, nos roza la espalda y sus pupilas vehementes nos delatan la furiosa permanencia de lo inasible, de eso qe vemos y sabemos qe está ahi pero qe no nos atrevemos a tocar por miedo a qe se difumine como una pobre alucinación irrisoria y deleznable. Otras veces es más fuerte aun, y nos tortura con violentas arremetidas en la parte posterior del cerebro: ve, golpea,atasca los dedos en esa garganta suave, vidrios esparcidos crearán belleza en un mundo de fragmentos. Sabemos tambien qe, irregular y no por eso menos importante y disfrutable, su apariencia de divertimento nos alegra algunas horas de marasmo indeseable.Risas confusas, bailes escandinavos en el medio de una calle enmohecida de gente.
Todo este legajo de situaciones dolorosas y felices nos aturde, nos cansa en un momento insoportable, se vuelve terror y hastío, confusion y desmenuzamiento del ser. Asi describe Antonin Artaud su familiar relación con la locura y la búsqeda de sanación en su libro "Los Tarahumara": "...siempre qe me levanto de la mesa tengo una sensación de hambre, porqe las reacciones, como sabéis,son demasiado reducidas. Y sobre todo el pan es insuficiente. Antes del trozo de chocolate qe me dieron anteayer, viernes, hacía ocho meses qe no comia chocolate. No soy un hombre qe se deje desviar fácilmente del cumplimiento de su deber, pero por lo menos qe no me reprochen falta de energía en una época como ésta, en la qe los elementos indispensables para la renovación de la energía ya no existen en el alimento qe se nos da a todos. Y, sobre todo, qe no me vuelvan a aplicar el elctroshock por fallos qe bien se sabe no están fuera del control de mi voluntad, de mi lucidez, de mi inteligencia propias. Basta, basta y basta ya de ese traumatismo de castigo. Cada aplicación del electroshock me ha sumergido en un terror qe siempre duraba varias horas. Y no podía dejar de desesperarme al ver qe se acercaba una nueva aplicación, pues sabía qe otra vez volvería a perder la conciencia y qe durante todo un dia me iba a ver asfixiándome en medio de mí sin conseguir reconocerme, sabiendo perfectamente qe yo estaba en alguna parte, pero el diablo sabe dónde, y como si estuviera muerto". No reconocimiento de nuestro ser más qe en el error azul qe nos somete a la violencia de las horas, al perdón de los pecados por la inocencia de nuestra inconciencia. Y todo sumergido en un fondo de perdición, de alejamiento, de invisble sensación terrenal. Como si disfrutáramos de un concierto feróz y alucinado, en un salón lleno de personajes incompletos, como si The cramps se aparecieran por ahi,y musicalizaran nuestros movimientos secos, nuestra vida insoportable, nuestra oqedad hecha alma.

The Cramps - Live at Napa State Mental Hospital