
Si,por 3 libras y 10 chelines te compraste una guitarra, una Egmond de esas bien antiguas y usadas. Aqel amigo de infancia, con un gesto de aprobación infantil recibio las monedas y la dejo sobre el pasto recien cortado del jardin de la abuela, el estuche relucia de brillo en tus ojos. El sabia tal vez. Por lo pronto empezarias a tocar, los acordes estan ahi siempre, solo debias animarlos,darles vida,de a pocos, y para qe no esten solos formar una banda; esos delincuentes tan armoniosos y exactos serían perfectos para el deber a cumplir: armonizar la vida, hacerla perdurable. Con el tiempo tus cabellos crecerian y en tus barbas el sol se refrescaria como en agua de un estanqe; el sol qe llegaba siempre a la misma hora y te complacía. Y por eso una cancion para el astrro no sería poca cosa. Te dijiste: qe las sonrisas retornen a los rostros, los rostros largos largos largos, incipientes. Y de pronto ya hombre y fuera de la ciudad donde naciste, alla lejos al Oriente, comprendias cosas qe acaso otros no, perennizabas melodias qe parecian nacer solo en ti. Como en una danza pueblerina abarrotada de tambores y cuerdas. Pero pronto no bastaban las canciones, y tu cuerpo se hizo débil, mucho mas delgado y leve, tanto qe hasta ahora navega en las tibias aguas del Ganges; cada dia hundo mis manos en sus aguas, ciego de ti esperando me concedas la armonia de tu canto. Dulce señor.

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