
¿Cómo es posible dejar de ser la sombra de uno mismo? Sombra, esa palabra que oscurece toda verdad dentro y fuera del hombre. Se camina a veces hacia ningún lugar, con una pesada carga en los hombros, la sonrisa viciada y flotante siempre, a la espera de despertar de algún modo. No todos los hombres tienen idea de la magnitud, peso, temporalidad de sus vidas. Van por ahí, rogando un poco de amor a los volcanes, intentando hacer. Hacer en el sentido práctico y simple de realizar acciones. Sin embargo, nadie que yo conozca busca, intenta, desea rehacer; es decir, mejorar lo que esta ya hecho, perfeccionarlo. Cada hombre tiene una historia distinta para cada par de ojos que lo miran y dibujan. Emmanuel Lévinas propone una ética del otro, soy yo en tanto el otro me hace ser, me ve y me describe con su mirada. Y sin embargo, ¿será posible que cada cual se vea a si mismo con los ojos del otro? Que el otro esté en uno mismo? Yo creo, a diferencia de los pensadores llenos de burdas palabras y frases intrincadas, que si, que cada uno en si mismo puede llegar a conocer lo que le falta y desapega. Que no hay marasmo del conocimiento si no en tanto no se mueve uno mismo según sus propias leyes y designios. Que el hombre sufre en demasía porque niega y se niega ante el dolor, y no lo acepta como consecuencia natural de un hecho terriblemente desfragmentador. Y que estarse quieto todo el día vale tanto como ir por el mundo asesinando gente, desestabilizando políticas, derruyendo contornos, amando cuerpos
No creo en el hombre salvo en aquel que se acepta a si mismo como carne y salvación.
No creo en el hombre excepto si lo veo desarmarse ante el llanto y la queja y ríe nauseabundo de éxtasis bajo el sopor aglutinante de una canción. El hombre frágil y pecaminoso, que se contradice apenas amanece con el día.
No pretendo una critica del sentido tanto como un dictamen de lo que sé que no llego a ser aun, preso de las leyes que yo mismo he aceptado y no puedo destruir, por pesadas y correctas. Algo queda siempre sin embargo: la poesía, las ideas puras que a decir de Cioran aun no han sido convertidas en ideología podrida por el alma del hombre enfermo. Queda algo de música también.
Y tu corazón en mis cabellos.

1 comentario:
aj que pesado
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